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Explociones  Solares

La NASA, pronostica una Explosión Solar que generaría un caos mundial en este año 2013…

La tormenta solar de 2013 podría ser un ‘Armageddon’ …

tormenta solar 2013

Los científicos prevén que finales de 2013 será el momento de mayor actividad del nuevo ciclo solar, un hecho que podría afectar gravemente a las sociedades actuales. Un caos de accidentes aéreos y de tráfico, cortes generalizados de luz, sin agua, grandes incendios y la caída de todas las comunicaciones podrían ser algunos de sus efectos.

En el 2013, una gran explosión solar provocaría apagones generalizados y colapsarían los sistemas de comunicaciones, informó el diario británico Daily Mail.   “Las llamaradas del Sol aumentarían el nivel de las radiaciones y esto haría colapsar las transmisiones satelitales”, indicó dicha publicación. “Esta explosión paralizaría el tráfico de aviones, afectaría las redes inteligentes de energía, la navegación GPS, los servicios financieros y de comunicaciones de emergencia vía radio”, agregó.

Por su parte, los especialistas de la NASA consideran que una preparación anticipado minimizará los riesgos. Para ellos se pondría a buen recaudo a los satélites y se desconectarían los transformadores para evitar sobrecargas eléctricas.

Estados Unidos ha levantado todas las alarmas. El ciclo solar ha cambiado y, con él, la inusual tranquilidad. El Sol entra en uno nuevo del que se espera una gran intensidad, lo que se traduce en mayor actividad magnética, más manchas y erupciones solares. Unos fenómenos que, aunque no lo parezca, pueden afectar enormente a nuestra actual sociedad plagada de sistemas de navegación y comunicaciones que podrían quedar en suspenso.

Y queda poco. Los científicos prevén que finales de 2013 será el momento de mayor actividad del nuevo ciclo, aunque el riesgo se extenderá a los próximos seis años. La dependencia de las sociedades modernas, plagadas de redes de comunicación, satélites y telefonía móvil podrían derrumbarse, lo que convierte a esta posible tormenta solar e un hecho más preocupante de lo que puede parecer. Así, una tormenta solar extrema como la que se espera tendría graves consecuencias para nuestro estilo de vida.

Existen antecedentes que hacen presagiar lo peor. La tormenta solar más potente de la historia se produjo en 1859, aunque sus efectos fueron limitados, dado que la energía eléctrica estaba en pañales. No obstante, las auroras boreales que provocó el hecho se pudieron divisar desde todos los rincones del planeta.

Otras más leves, pero más cercanas en el tiempo, ya mostraron su peligro para los servicios móviles, los GPS o las redes eléctricas. Por ejemplo, en 1994, una tormenta solar hizo caer dos satélites de comunicaciones durante horas, o en 1989, dejó fuera de funcionamiento durante más de nueve horas la planta hidroeléctrica de Quebec (Canadá), causando pérdidas de cientos de millones.

Pero… ¿cuáles serían los efectos de “la tormenta solar del siglo”? Los informes encargados por la NASA, el Ejército de EEUU, el Parlamento británico o de un grupo de expertos de la Comisión Europea creen que tras cinco días se viviría un verdadero ‘Armageddon’.

Accidentes, falta de energía y de agua y grandes incendios, posibles consecuencias

Para empezar, los accidentes aéreos y de tráfico se multiplicarían por una serie de fallos en los sistemas de rutas, de aterrizaje, de los semáforos y de las señalizaciones. Los sistemas eléctricos sufrirían un derrumbe total, dejando a las casas, las industrias, las refinerías o las plantas químicas sin energía. De no existir protocolos de actuación, las consecuencias de este colapso serían dramáticas. Los ascensores se convertirían así en otro punto negro, complicando las evacuaciones y dejando a personas atrapadas.

Como quedó de manifiesto en 1859, pueden desencadenarse además grandes incendios eléctricos simultáneos. Por si fuera poco, el suministro de agua dejaría de funcionar más allá del nivel del suelo, pues los sistemas de bombeo no funcionarían.

Las estaciones de servicio no podrían suministrar combustible de igual manera. Cualquier medio de transporte tendría imposible repostar. Aunque poco importa, pues los cajeros automáticos tampoco operarían. Incluso, podrían desaparecer las bases de datos bancarias.

Con todo, serían los sistemas de comunicación los más afectados. Teléfonos móviles, ordenadores, radios y televisiones fallarían en cadena, dejando a la población aislada y sin información de cómo responder al caos. Por este motivo, las autoridades de EEUU han lanzado ya recomendaciones para estar preparados ante lo que se ha venido en definir como “la tormenta solar del siglo”.

Finalmente, se supo que la NASA ha dispuesto de una docena de satélites que estudiar la amenaza y evaluará las consecuencias.

NASA

 

Erupción solar captadas por la NASA

(CNNEspañol.com) – La NASA editó este espectacular video de la erupción solar ocurrida el 31 de agosto. La eyección de masa coronal viajó a casi más de 1.500 kilómetros por segundo, y aunque no se dirigió directamente hacia la Tierra, conectó con la magnetosfera terrestre, según la NASA, lo que provocó la aparición de una aurora en la noche del lunes 3 de septiembre. ¡Es hora de Ponerse a Pensar y Despertar !

 

EE.UU. llama a prepararse ante una tormenta solar…

El Congreso de Estados Unidos hizo un extraño llamamiento a sus ciudadanos. El objetivo era desarrollar un plan de emergencia de cara a una posible catástrofe debido a una tormenta solar. Pero, ¿es realmente una amenaza real?, ¿qué es y cuáles son los efectos de un fenómeno de este tipo?, ¿estamos realmente ante un posible apocalipsis, como muchas personas piensan?

«Hay que tener claro que es una esfera de gas y genera campos magnéticos, como un gran imán. Cuando estos campos cambian su configuración -cada once años aproximadamente- se libera energía de forma muy rápida y violenta, que es lo que se conoce como «eyección de masa coronal», o CME por sus siglas en inglés. Esto hace que se lance el gas a su atmósfera y se libere luego en el espacio», explica Luis Ramón Bellot, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Si esta ráfaga está dirigida a la Tierra, entonces se trata de una tormenta geomagnética (la popular tormenta solar). En ese momento, pueden ocurrir dos cosas: que el campo magnético terrestre, el «salvavidas» natural del planeta contra la radiación solar, lo repela o que parte de las partículas que contiene este fenómeno penetren en la atmósfera de la Tierra a través de los polos, las zonas más sensibles del escudo terrestre.

«La Tierra está muy bien protegida, y este campo se deforma pero nunca se rompe. Si hay tormentas pequeñas, se forman las auroras boreales y australes. Si es un fenómeno más intenso, entonces se pueden dar fallos en las comunicaciones y la red eléctrica», expone Bellot, que además forma parte del Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Este suceso provocó daños por primera vez en 1856 en Inglaterra. Richard Carrington, un astrónomo aficionado vio a través de su telescopio lo que él definió como «una inmensa bola de fuego que sobresalía del Sol». Consciente de su hallazgo, fue a avisar algún testigo que pudiese corroborar el hecho, pero cuando volvió, las enormes erupciones habían desaparecido.

Días más tarde, auroras boreales eran visibles desde ciudades como Roma, Madrid, La Habana o las islas Hawai, latitudes un tanto extrañas, ya que este tipo de fenómenos afectan a zonas cercanas a los polos. El incipiente sistema de telégrafo en Estados Unidos e Inglaterra se llevó la peor parte y sufrió cortes y cortocircuitos que colapsaron las comunicaciones de la época. Es la mayor tormenta geomagnética registrada de la historia.

Protocolo español

Otra de las consecuencias de las tormentas solares extremas es la generación de corrientes adicionales a las que viajan por conducciones metálicas con gran longitud, como el tendido eléctrico. Este es el caso ocurrido en Quebec (Canadá) en 1989, donde se quemaron centenares de generadores eléctricos y se fundieron las líneas de alta tensión, afectando a miles de personas que se quedaron sin luz durante un día.

«Las corrientes de este tipo tienen que ser enormes», apunta Bellot. También afecta a gasoductos y oleoductos, ya que, al ser de metal, oxida con gran rapidez las vías, con el consiguiente coste que supone para las empresas. «Por eso la industria está invirtiendo dinero en saber cuándo se darán este tipo de fenómenos y como combatirlos», agrega.

Consejos ante una llamarada solar

Algunos países como Alemania, Francia o Reino Unido, además del Gobierno estadounidense, están tomando cartas en el asunto. Incluso España se ha sumado a la prevención con una propuesta en el Congreso por parte del partido socialista para unificar los protocolos de seguridad europeos para «la prevención tecnológica derivada de fenómenos naturales», propuesta a raíz de la publicación por parte de Extremadura recomendando unas «buenas pautas preceptivas» para que los ciudadanos sepan qué hacer en caso de tormenta geomagnética severa.

Recomiendan «refrescarse» cada cierto tiempo y ampliar el botiquín usual

En este escrito se dan detallados consejos como hacer acopio de alimentos para un mes por persona, cómo elaborar un plan familiar para saber dónde dirigirse en caso de que el hecho llegase a producirse –que además, recomiendan, debe «refrescarse» cada cierto tiempo y ampliar el botiquín usual con «abundantes gasas estériles y yodo para desinfección» o «banda adhesiva multiusos y puntos americanos o de aproximación», entre otros.

El escrito estaba basado en los consejos recogidos por el Observatorio de Clima Espacial, perteneciente a la Asociación Española de Protección Civil para los Eventos Climáticos Severos y la Prevención Nuclear (AEPCCE), una organización no gubernamental y sin ánimo de lucro. En el documento se detalla que hay un 5% de posibilidades de que un fenómeno de tales características pueda darse en los próximos meses, y que el ‘Decálogo de buenas prácticas’ puede aplicarse también a «otros escenarios», además de puntualizar que el fenómeno se da «en muy contadas ocasiones».

A la pregunta de si es posible que este fenómeno afecte de forma tan drástica a la vida humana, el científico del CSIC es rotundo: «Es posible, pero altamente improbable. Está muy bien que la gente sepa que están ahí y que pueden tener efectos sobre la sociedad, como la comunicación que depende de los satélites. Éstos sí que están expuestos en mayor medida que la Tierra, pero no tenemos que alarmarnos».

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